Los primeros pitillos a escondidas.
Las primeras caricias excitantes.
Hay cosas que nunca se olvidan,
como nuestros primeros instantes.

Aquellos que vivimos de críos,
en el banco de nuestro parque.
Siendo tan sólo unos chiquillos
nos pensamos más listos que nadie

Hoy viéndolo desde tan lejos,
lo siento todavía tan dentro,
que busco tras de el espejo,
dónde están esos momentos…

La gloria de nuestras vidas.
La plenitud de nuestras almas.
El pan nuestro de cada día.
El bienestar y la calma.

Quizás no vuelvan los mismos.
Ni las personas, ni los ratos.
Quizás fueron sólo espejismos.
Pero fueron espejismos gratos.

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Intento resistir todo lo posible,
pero mi mente está corrompida hace tiempo.
Mi cordura se la llevó el viento
y vaga por mundos insostenibles.
Tengo miedo a la verdad y a la mentira.
Tengo miedo a los ojos que me miran.
Tengo miedo a confiar en lo aparente.
Tengo miedo a los que no están ausentes.
No comprendo por que la vida es tan dura,
siempre disfruté de mis locuras,
más ahora queman como el fuego…
Temo que mi vida sólo sea un juego,
el capricho de un dios malhiriente.
Temo que alguien de repente
clave puñales en mi mente.
Nunca hice daño a ser alguno,
más en mi actual día a día
se estampan en mi rostro mil puños.
Más yo siempre quise hacer el bien.
Fue tal vez mi cobardía
la que hizo descarrilar mi tren,
buscando falsas alegrías.

No sé si tengo enemigos.
Pero sí demasiados testigos
de mis continuos quebrantos.
Esos que provocaron llantos
en los más bellos corazones,
cuando perdía todas las razones
y estallaba en un mar de explosiones.
A todos ellos digo lo siento,
aunque ya no vuelva el momento
de corregir esos errores.
Es lo que mas lamento…
Pues si volviera atrás en el tiempo,
pensaría las cosas mil veces
antes de elevar mi voz,
de llenar mi boca de heces
pareciendo un ser tan feroz.

Me siento tan cansado.
La vida se me hace cuesta arriba,
y no encuentro a ese aliado
que todavía mantenga viva
las llamas de mi pasado.
Me siento cansado
y postrado en mi lecho
busco cuál es mi pecado.
Observando fijamente mi techo
comprendo que llevo en mi pecho
su nombre con fuego grabado.
Me siento cansado…
De la vida, agotado…
Más todavía respiro.
Con esfuerzo camino.
Y mantengo la esperanza
de volver a bailar un día las danzas
de aquella música gloriosa.
Aquella sinfonía hermosa
que excitaba mis sentidos.
Que hoy, entre jadeos y suspiros,
no logro alcanzar a escuchar.
Más ya, casi todo da igual.
Poco a poco intentaré caminar
procurando no hacer nunca el mal,
e intentando, no dejar de respirar.

Si luchas contra la injusticia,
te tachan de ser un radical.
Si robas a un pueblo por codicia,
piensan que no lo haces mal.

Si buscas comida en la basura,
te expulsan de la que es tu ciudad.
Si violan a un niño unos curas,
los perdonan y todo da igual.

Si pescas en veda para sobrevivir,
te das cuenta de que por existir
le ponen una soga a tu cuello.

Pero si matas a un toro en el ruedo,
eres poco menos que un dios
y la gente ofrece su ovación.