A veces pienso que no tengo solución.
Qué no hay droga, ni medicación,
que me saque de esta desidia.
Vivo soñando con el día
en que pueda salir a la calle
haciendo que las voces se callen
y que no me importen las miradas
de quién de mí no sabe nada.
Me estoy muriendo de ganas
de escaparme de este mundo,
pero me han atado las alas
desde que no soy vagabundo.
Ahora vivo meditabundo
en una jaula sin barrotes,
en un cuarto nauseabundo
que da a una plaza en dónde
juegan los niños al fútbol
recordandome mi vejez,
preocupado por un futuro
al que quizás no llegaré.
Debería vivir el presente
y si se han reído de mí,
burlarme yo de la gente
haciendo el loco por ahí
sólo para pasarlo bien.
Total la fama ya la tengo
y no tengo con quién
sacar lo que llevo dentro.
Así qué por qué no gritar
con los pulmones abiertos
que si yo soy bipolar
los demás no están más cuerdos.
Pues hay quién va haciendo daño
solamente por placer
pero al ser algo cotidiano
a todos les parece bien.

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