Se escapó de una sociedad nauseabunda
a un planeta de unicornios arcoiris.
Extrañaba su progenie ya vetusta,
a sus hermanos escupió su peor bilis.
Se fue sin maletas ni sacos.
El Universo le dijo tantas veces, no.
Pero él no descansó sus manos
escribiendo un poema infinito
en un leguaje ya lejano.
La sangre de sus ancestros
fue tinta en mil papeles.
Los astros como espectros
tintineando mil mieles.
Más la verdad es injusticia
y el dolor ajeno, insipido.
Incluso la pequeña Alicia
tenía sentires bífidos.
Escapó y nunca volvió.
Alguno jura que alguna vez lo vió
en alguna cantina a la espera
de un trago las noches de luna llena.
Fue justicia que no causa justa
la que le destapó la sesera.
El latigazo con fusta
que quema las venas.
La ausencia de cariño
en una podrida sociedad.
La incomprensión de un niño
carente de libertad.

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