Aún recuerdo aquella noche.
Una que habías pegado a mamá.
Yo, sin intención de reproche
y por mera curiosidad,
te pregunté por qué lo habías hecho.
No tenía ni cuatro años.
Estaba a horcajadas sobre tu pecho
y aquello me parecía tan extraño…
Mamá lloraba frente al espejo
tratando de limpiar sus lágrimas.
Intuyendo su propio reflejo.
Hoy siento una gran lástima
por haber sido un niño tonto.
Pero me he convertido en hombre
y más tarde o más pronto,
todos sabrán tu nombre.
Todos conocerán al monstruo
y a todos sus amiguitos.
La vergüenza marcará tu rostro
desde ahora hasta el infinito.

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