El otro día pensando en tí
me vi de pronto sorprendido.
Las lágrimas no paraban de fluir.
Después de llorar comprendí
que a pesar de sentirme herido
llorar purificó mi alma
permitiendome ver que era hermosa,
que mi corazón todavía ama
tras años de haber sido roca.
Así, que aunque llore, no estoy triste.
Aunque esté triste, no estoy desesperado.
Aunque esté desesperado, no estoy loco.
Y si estoy loco… quizás es que me haya enamorado.
Que tonto!

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