Conseguí esquivar a la realidad
encerrándome en silencio y soledad.
Encarcelado sin juicio previo.
Tan sólo culpable del tedio.
Tan alto ha sido al final el precio
que por tratar de sortear el asedio
me vi ahogandome en un oscuro mar
consciente de que nadie me vendría a rescatar.
Toqué fondo y allí me quedé un tiempo,
aislado de lo que fue mi universo.
Lejos de quienes llamaba amigos,
esos que a mi auxilio jamás han acudido.
Me fabriqué un salvavidas de imaginación
con vela de sueños y de esperanza el timón.
Floté a la deriva durante algunos años.
Llegué a tierra pero me senti extraño,
como si ya no estuviera en mi mundo.
Así que, me converti en vagabundo,
me alejé del amor y el cariño,
y con la inocencia de un niño
empecé a vivir al segundo,
creando en mi imaginación nuevos mundos.

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