Cicatrizado

Y la herida cicatrizó.
El vagabundo, su herida curó,
y al despertar de su resaca,
comprendió una realidad:
Que todo daba igual…
Ni el desamor de aquella flaca,
ni el desconsuelo de su vieja alma.
Comprendió, ya sin desazón,
que lo que importa en esta vida,
es seguir al corazón.
Pisar por donde él pisa,
caminar a su compás,
sin prisa…
Comprender qué, nunca jamás,
hay que parar los sentimientos,
olvidando los tormentos
que sobrevivan al pasado.
No saber lo que es pecado.
Y gritarle fuerte al viento,
que no quieres más lamentos,
que tu gobiernas tus días, a todas horas.
Sin necesidad de placebos, ni drogas.
Que si conoces tu camino,
antes o después, ¿quien sabe?
conocerás también tu destino.
Y ya no habrá quien te calle,
quien te de consejos reprochables,
ni te culpe, nunca más, de sus andares.

 

 

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