Imperfecto

Reconozco la imperfección día a día frente al espejo.

La mía propia y la del resto del mundo.

Afeitarme, peinarme, vestirme corréctamente, aparentar…

Todo para ser juzgado a la vista de los demás,

para no ser mal visto por ojos ajenos a mi conciencia.

Y mi culpabilidad aumenta, convirtiéndome en lo mismo

que nunca he querido ser, que nunca he querido mostrar.

Aparento lo que nunca fui y soy lo que nunca quise

¿Y a cambio? Lamentos, enfados, ebriedades malsonantes.

Todo por hacerme un hueco en el mundo de la gente corriente.

Yo, que siempre presumí de distinto,

de no pertenecer a más grupo que el que yo mismo formo.

Me encuentro en un punto de inflexión doloroso.

Quiero rendirme, tirar la toalla…

Pero también quiero seguir,

luchar por lo que nunca he dejado de soñar,

por encontrar esa senda, finalmente liviana

pero capaz de hacerme merecedor de su meta.

Es difícil de explicar, incluso a mi mismo,

pero existe un vacío que ya no se llena,

y muy pocas esperanzas de lo contrario.

Cada mañana, desde hace años, sigo el mismo ritual,

La ducha del perdedor, el afeitado del cobarde,

el peinado del prisionero.

Es posible que, si llegado el día

se me viese deambulante,

con aspecto maltrecho y descuidado,

mas de uno se compadecería de mi desdicha,

sin embargo, y solo posiblemente, en ese momento,

quizás este siendo la persona mas feliz y libre que nunca hubiese podido soñar,

lejos de cualquier tipo de atadura económica,

pero sobre todo, libre de ataduras emocionales.

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