Puede que alguno piense que soy un genio
solamente por rimar algunos versos.
La verdad es qué, tan sólo, soy un impostor
que intenta disfrazar su dolor.
Me estoy volviendo muy loco
intentando que alguien me entienda
pero a mi lado quedan ya, pocos,
desde que mi cabeza está en contienda.
Rimar es la forma que tengo
de socializar con mi soledad,
y no acabar en el loquero
con un ataque de ansiedad.
Hace tiempo que estoy solo
y hasta ahora lo llevaba bien.
Ahora también me siento solo
esté con quién quiera que esté.
No puedo, a veces, soportar
que digan que es que estoy enfermo.
¿Cómo no me voy a desquiciar
si a mi alrededor todo es infierno?
Preferiría tener, de todo, menos,
pero amigos, muchos más.
Y aunque tengan que estar lejos
que sean amigos de verdad.
Dejar de pensar que estoy enfermo
porque lo piensen los demás.
Ya escribí mil veces en mi cuaderno
que, ni puedo, ni quiero cambiar.
Que si es por mi personalidad
no va a haber nada que lo cambie
Y si, como dicen, soy bipolar
no me lo va a curar nadie.

Yo no me puedo callar.
Necesito expresarme.
Aunque tenga que rimar
para poder quejarme.
Porque si empiezo a gritar
intentarán encerrarme
sólo por ser bipolar
y necesitar desahogarme.
¿A quién le parece normal
qué, por a una enfermera gritarle
me pudieran llegar a atar
y alguna droga inyenctarme?
Nunca lo podré olvidar,
y aunque lo mío no es vengarme
no voy a dejar de protestar
para que algunas cosas cambien.
Yo exijo dignidad
la próxima vez que me ralle
y me quieran encerrar.
Exijo que no se me trate
nuevamente tan mal
o no habrá quién me pare.
No por enfermo mental
hay derecho a que te aten.
Pues eso puede traumatizar
al más común de los mortales.

A veces pienso que no tengo solución.
Qué no hay droga, ni medicación,
que me saque de esta desidia.
Vivo soñando con el día
en que pueda salir a la calle
haciendo que las voces se callen
y que no me importen las miradas
de quién de mí no sabe nada.
Me estoy muriendo de ganas
de escaparme de este mundo,
pero me han atado las alas
desde que no soy vagabundo.
Ahora vivo meditabundo
en una jaula sin barrotes,
en un cuarto nauseabundo
que da a una plaza en dónde
juegan los niños al fútbol
recordandome mi vejez,
preocupado por un futuro
al que quizás no llegaré.
Debería vivir el presente
y si se han reído de mí,
burlarme yo de la gente
haciendo el loco por ahí
sólo para pasarlo bien.
Total la fama ya la tengo
y no tengo con quién
sacar lo que llevo dentro.
Así qué por qué no gritar
con los pulmones abiertos
que si yo soy bipolar
los demás no están más cuerdos.
Pues hay quién va haciendo daño
solamente por placer
pero al ser algo cotidiano
a todos les parece bien.

La medicación que estoy tomando
no sirve para absolutamente nada,
después de tantísimos años
explicándoselo a mis psiquiatras.
Dicen que soy bipolar tipo uno.
Y puede que en eso lleven razón.
Pero hasta ahora ninguno
acertó con la medicación.
Pues los efectos secundarios
son peores a largo plazo.
He estado años sedado,
incapaz de todo por cansancio,
he adquirido un peso desorbitado
que poco a poco ya he bajado,
he estado enganchado a pastillas
que me mantenían tranquilo,
apoltronado en una silla,
o en mi cama dormido,
he tenido la mente desconectada
como si me hubieran lobotomizado...
Siempre pensé que yo no había hecho nada
para vivir tan castigado.
Y cuál es el resultado?
Qué sigo en mi cuarto encerrado
casi sin relacionarme
cómo si necesitase escaparme
de unos ojos que me miran
y me juzgan diferente,
Y que digan lo que digan
no es sólo cosa de mi mente.

Cautivo...
Por haber consumido
el placer de sus besos.
Ahora necesito excesos
para superar la adicción
y el dolor que dejó
el fin de aquella relación.
Esto no lo cura una medicación.
Sólo la droga mas dura
puede devolverme la vida
hasta que llegue el día
que pierda toda cordura,
pues nunca volví a encontrar
algo que pueda comparar
con aquella forma de amar.
Nada me puede sanar.
No creo que sienta placer
al estar con otra mujer
y tenerla a ella en mi mente.
Recuerdo que fué tan ardiente...
Dulce miel para mis labios.
Ni siquiera los mas sabios
podrán entender lo que sentí.
Bebí del más mágico elixir.
Esencia prohibida para mortales.
Bellas artes carnales.
Ella me elevó a los altares
y yo me sentí el mismo Dios.
Era magia cuando eramos dos.
Ahora es todo ilusión.
Pero nos hemos puesto de acuerdo
en que por mucho que haya dolido
somos un bonito recuerdo
que no caerá en el olvido.