La mayor de las injusticias
es no poder besar tus labios,
no sentir en mi piel tus caricias,
no tener nunca tus abrazos.

Cuándo el mundo me la sudó
bailé bajo la lluvia tu canción,
vi arcoiris entre negras nubes,
pude ver que mi ego sí sube.

Cuándo el mundo me la sudó,
al hombre, un duro virus arrasó,
la naturaleza comenzó a resurgir,
yo mismo me sentí revivir.

Cuándo el mundo me la sudó
decidí comérmelo a besos,
disfrutar a tope los excesos,
darme más de un revolcón.

Cuándo el mundo me la sudó,
al mundo, yo se la sudaba.
Así que mi vida continuó
totalmente libre de cargas.

Qué culpa tengo yo de quererte?
Es todo culpa tuya por ser como eres.
Me enamoré de ti con pasión,
entraste en mi vida a traición.
Por qué me das tu mejor versión
convirtiendo en adicto a mi corazón?
No ves que cuánto mejor me tratas
más lágrimas me arrebatas?
Esa fina barrera tan infranqueable
es lo que te hace más deseable.
Pero desear no es sinónimo de tener.
Desear a veces es no dejar de perder
a quién más quieres cerca de ti
Tantas veces ya lo viví…
Por eso ahora quiero hacerlo bien.
Sea cómo sea, no te puedo perder.

Veo a lo lejos un panteón.
En él está mi nombre escrito.
Suena triste una canción.
La letra habla de destino.

Me aproximo a verlo de cerca.
No hay flores, ni fotografías.
En mi mente se despierta
una inconsolable agonía

El cuerpo debe estar bien podrido
más nunca ha recibido visitas.
Me doy vuelta y me despido.
Esa situación me irrita.

Tras un arbol oigo llantos.
Una mujer se marchita
gritando con fuerte espanto:
¡Se mató porque le quería!