Busca mi huesos entre las cenizas.
La piel, antes cargada de besos
se la ha llevado la brisa.
Os siento desde aquí lejos
y desearía cantar mi verdad:
Ya nunca estaré en los espejos.
Sólo soy un alma sin libertad,
odiadora de mi condena.
No tengo ya ni maldad,
intrínseca al ser humano.
A veces intento tender mi mano
pero ya se ha esfumado la vida.
Lamento mi nueva rutina.
Buenas intenciones las mías…

¡Vamos a cambiar el mundo!
¡Vamos a cambiar nuestro destino!
Son excasos los segundos
para que se cumpla nuestro sino.
Empecemos por nosotros mismos.
Dejemos de convecer a aquellos
que van directos al abismo.
Estoy viendo ahora mismo
la representación de “El séptimo sello”
en los corazones de unos pocos.
Esos que tienen su alma pura.
Los que fuimos tachados de locos.
Quienes hemos pasado vidas duras.
Los que fuimos exiliados al olvido
y condenados a soledad perpetua.
Ya no estamos tan perdidos.
Nuestro pesar ahora mengua.
Convertimos el dolor en fantasía
permitiéndonos ver el otro lado.
De allí traemos la poesía.
Allí dejamos nuestro enfado
con todos los que nos culparon
por querer ser almas libres.
Los que de verdad nos desquiciaron
impidiéndonos hacer lo imposible.
Y todo en el mundo es posible…
Incluso la magia existe.
Quizás sólo en la ilusión de los niños,
pero su poder destinará su camino.
Los locos somos niños geniales
en el cuerpo de adultos extridentes.
A veces nos sentamos en los portales
sólo para ver pasar a la gente.
La imaginamos diferente
y nos sentimos nosotros distintos.
Cambiamos de humor de repente
y nos falla el sexto sentido.
Hacemos cosas muy raras
cómo permitir entrar a las arañas
para poder lucir sus cortinas
por todos los rincones y esquinas.
¡En la diferencia está el cambio!
y nadie nos lo ha dicho nunca…
Pero una vez escuché a un sabio
susurrándome en la nuca
“Puede que estés chiflado
pero las mejores personas lo están”
Y tras sentir mi bello erizado,
me dije: ¡¡Es verdad!!
A mí no me gusta el mal,
ni la injusticia, ni la crueldad,
y hay tanto en el mundo por cambiar,
que por mí mismo voy a comenzar.
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La vida me ha enseñado que todos estamos solos en el mundo.
Tú me enseñaste que nadie debería cumplir tal condena.
Pues el mismísimo Dios decidió crear a las estrellas para no sentirse solo.

Debo encontrar una luz en mi camino.
Hay una puerta que se abre y se cierra.
Intento seguir las estrellas
pero no sé es mi sino
cruzar semajantes umbrales.
Escapar de las sombras mas abismales
y ser sólo vida y verdad.
Sé que podría hacer más.
Pero por mucho que desée cambiar el mundo
son excasos los segundos
para un loco solitario
espectador de tan variopinto escenario.

Los mejores años de mi vida
los pasé en una celda sin rejas.
Tratando de emprender la huida…
Drogado hasta las cejas
para que no se escucharan mis quejas.
Un laberinto sin salida…
Tantas veces recorrí mi cabeza
bucando cuál había sido la herida
causa de muerte certera
para asumir tal condena.
No hayé respuesta ni salida.
Pero comprendí que lo que me guía
es la sangre de mis venas,
que hierve cuando se acercan
a mi boca algo mas de la cuenta.
Comprendí que mi condena
es la soledad de por vida.
Añorando siempre la compañia
de aquel alma que me quería
antes de tan siquiera
encarnarnos en esta tierra.