¡Me vais a comer todos el troncho!
Le dije mirando fijamente a mi tío Moncho.
Y con coraje y arrogancia
me fui de aquella estancia
pensando para mí
“Quizás no he sido muy sutil”.
Pero dije lo que pensaba
y así mi alma liberaba
torrentes de agonías,
que poco a poco, día a día
han ido corroiendo mi mente
hasta llegar a este presente,
al que ya nunca temo.
En dónde no conozco el miedo.

Si me muriera mañana
muchos romperían a llorar.
Lo que no sé si saben
es que son complices de la soledad.
La única que sé que algún día
con mi vida decidirá acabar.
No es que pida compañía;
basta un amigo de calidad.
Por suerte los cuento a pares
pero tambien un día se irán.
Hoy prefiero morir de silencio
que rodearme de mezquindad.
Y si te duele no lo lamento,
quizás eres parte de mi tempestad…

 

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Aún recuerdo aquella noche.
Una que habías pegado a mamá.
Yo, sin intención de reproche
y por mera curiosidad,
te pregunté por qué lo habías hecho.
No tenía ni cuatro años.
Estaba a horcajadas sobre tu pecho
y aquello me parecía tan extraño…
Mamá lloraba frente al espejo
tratando de limpiar sus lágrimas.
Intuyendo su propio reflejo.
Hoy siento una gran lástima
por haber sido un niño tonto.
Pero me he convertido en hombre
y más tarde o más pronto,
todos sabrán tu nombre.
Todos conocerán al monstruo
y a todos sus amiguitos.
La vergüenza marcará tu rostro
desde ahora hasta el infinito.

Tras media vida naufragando entre océanos de locura, he encontrado una estrella en el firmamento que siempre está ahí. Imperturbable.
Esta estrella guiará mi rumbo hacia un continente totalmente desconocido. Virgen de civilización. Con grandes prados y una inmensidad de ganado a mí disposición. Y yo a disposición del mismo.
Estaré solo en un continente inmenso. Pero tan bello que no apreciaré la soledad como algo oscuro. Si no como fuente de revitalización y aprendizaje. Esperando el hecho de encontrar otro alma naufragada que haya sido guiada a mí por mi misma estrella.
Y en mi mente la eterna pregunta. Querrás ser tú, tal vez, náufrago o estrella…? O eres mar y tempestad?

Si estás dispuesta a ser Eva, yo seré Adán. Y cuando vuelvas a darme a morder de la manzana. Volveré a abrazar el pecado como algo natural.

No venderé mi alma al mejor postor.
Ni mis miserias al mayor impostor.
Mi alma y mi vida las regalo
a todo aquel que con agrado
las desée recibir.
Mi mejor don es escribir,
y soy consciente de no ser el mejor.
Pero a pesar de todo, y aún así,
no tengo miedo peor
qué otro se quede para sí
todos estos pensamientos,
tan llenos de tormento.
Quizás, mi mejor don.